Descripción:
Este espacio está asentado sobre un jardín y un bosque privado que perteneció a Florencio Valdés, un próspero empresario apasionado por la jardinería. Dos ríos atraviesan este jardín que acoge más de 30.000 plantas.
Se divide en 4 zonas:
Partimos de la taquilla, cruzamos un pequeño puente de madera sobre el río y nos adentramos en el ...
Entorno cantábrico: La primera impresión es de un pequeño caos de plantas que conviven superponiendose en un aparente desorden y es que la idea de este área es representar un bosque no una exposición de plantas. Praderas, ma

torrales, serbal de cazadores y hayas conforman esta área. En el suelo podemos descubrir la fresa silvestre (
Miruéndanos en Asturias). Las hojas del acebo (especie protegida) sirven de alimento al urogallo cantábrico, también en peligro de extinción. Suelos más ácidos sirven de sustento al tejo y al brezo. El primero, venenoso para el ser humano en hojas (no en el fruto) y también en su resina, que se utilizaba untada en las puntas de flecha para cazar o defenderse. Cántabros y astures la utilizaron frente a los romanos.
Un buen número de helechos (que junto con el musgo es una de las especies vegetales más antiguas), nos permiten diferenciar la planta masculina y femenina y quizá observar las esporas de su envés.
Llamativa resulta la conocida como Comida para culebras, intimidante nombre que se le daba a esta planta por resultar tan venenosa y de paso, evitar que los pequeños/as se acercasen a la misma.
Venenoso también resulta el Helleborus fétido (su nombre resulta del olor que emana la planta seca) que tendremos ocasión de ver más adelante.
Paseamos también por un robledal con un ejemplar único de estos parajes que es el Quercus orocantábrico o roble cantábrico. Veremos el manzano silvestre (origen de uno de nuestros populares árboles frutales) y es posible que tengamos la ocasión de observar los frutos de la endrina de las que se saca el licor Pacharán.
La jara hoja de salvia, atrae con su floración primaveral a las abejas. No resultará raro ver madroños por estos parajes.
Factoría Vegetal: Salimos del entorno cantábrico y nos dirigimos hacia el huerto. Previamente

veremos en una ladera una exposición de especies que nos resultarán muy familiares, aunque es posible que desconozcamos sus nombres:
La buddleja, llamada también señorita de las autopistas, hermosa pero invasora que se encuentra especialmente en la zona de ríos y dunas. Para adueñarse del terreno echa una especie de veneno desde sus raíces. En su aparente plumero, es donde se encuentran las semillas por lo que para evitar su proliferación se les corta (como constataremos también aquí).
Otras de ellas son las acacias, causante además de algunas alergias, la cola de caballo que se da en zonas húmedas, o la caña. Popular es también la Cortaderia, que nos cortará si la tocamos en un determinado sentido y que si pudiésemos ver con una lupa podríamos apreciar pequeños cristalitos de sílice.
Frutales, huerto y plantas medicinales nos esperan: fresas, higuera, morera… Dispuestos en
forma de pirámide encontramos una muestra de algunos populares frutales en la base; coronando la muestra el correspondiente ejemplar silvestre.
Veremos las varas rectas y flexibles del avellano que antaño eran utilizadas por maestros y pastores y disfrutar del aroma alimonado de la hierba luisa o la lavanda o del peculiar color añil del cardo tan apreciado en los platos caseros de Aragón.
Tras un curioso ejemplar de naranjo trifoliado, de descomunales pinchos y frutos de textura aterciopelada, llegamos al lavadero.
No habremos echado en falta en nuestro recorrido, un huerto con leguminosas o cereales y aquellos productos llegados del otro lado de nuestro océano: tomates, patatas, chirimoyas...
Una Quintana rehabilitada de 1909 acoge el llagar donde se hace la sidra. En el granero, aquí conocido como panera, se guarda el maíz inaccesible a los escurridizos ratones. De planta rectangular y cuatro patas, se diferencia del hórreo gallego rectangular y con 6 patas que lo sustentan. Nos sorprenderá ver colgando, el clavel de aire que no necesita la tierra para crecer y desarrollarse. Más locales son las mazorcas de maíz que se exponían a la vista de todos para mostrar las riquezas del propietario. 
Cuadra, casa y molino completan el conjunto arquitectónico donde habitaban y trabajaban la tierra para sus señores. La cuadra acoge una muestra en la que vemos algunos elementos tradicionales como los zapatones, aislados con herbáceas o capa hecha con elementos vegetales, como también lo están los arcos hechos con madera de tejo flexible y resistente. El proceso de la recolección, en la agricultura y la evolución de la misma se muestra en una una atractiva presentación. Conoceremos nuestra dieta en la edad media antes de que el descubrimiento de América hiciese cambiar los hábitos alimenticios de ambos continentes.
Pasamos al molino, lugar de encuentro y vida social transcendiendo su función primordial de moler el trigo de los agricultores que se lo llevaban convertido en harina. Vemos un molino
con 3 muelas y los productos elaborados a partir de harina de arroz, maíz o trigo. Subimos al laboratorio, donde podemos descansar viendo un interesante vídeo sobre el descubrimiento de la aspirina, podemos consultar fichas botánicas o ver morteros, botes, plantas psicoactivas o plantas aromáticas para despertar nuestros sentidos.
Lagar: las plantas se domestican como veremos en unos entretenidos dibujos animados. Mientras los pequeños ven los videos podemos aprovechar para completar la información con los paneles escritos. Veremos la diferencia entre el fruto silvestre y el cultivado, mucho más apetitoso. Sabremos que es el cultivo in vitro y las plantas modificadas (transgénicas).
Jardín de la Isla, se abre hacia espacios de jardinería donde el agua gana protagonismo. Bonsais y especies orientales, abre paso al exótico bambú negro que nos lleva hacia una fuente con cerámica de Talavera y más adelante, nos sorprenden por su tamaño el gran cedro del Atlas. Esta zona de jardín estilo inglés esconde una antigua pista de tenis con suelo de arcilla prensada. Hermosas hortensias, bancos en sombra y una gran mesa de piedra, que acogió reuniones en las que se tomaron importantes decisiones sobre el urbanismo de la ciudad, al abrigo de las camelias.

Descendemos hacia el río, el arroyo de Peñafrancia alberga enormes helechos procedentes de Australia que nos trasladan al jurásico donde también formaban parte del paisaje..
El jardín romántico comienza en la caseta de cambio de bañistas que se dispondrían a darse un chapuzón en el estanque. Si prestamos atención, encontraremos frente a él un pasadizo de tejos que nos lleva a una fuente.
Entramos en el bosque Atlántico. El agua nos acompaña u con ella la vegetación de ribera boreal: sauce hoja de romero, alisos, espadañas, plantas acuáticas…

En la confluencia de los dos ríos encontramos nuevos aseos y el
Pabellón de Linneo que da cobijo a la exposición permanente de fotografía. Bancos en sombra nos permiten disfrutar del agua y el paisaje. Tras el descanso y desde aquí, da comienzo la zona más salvaje y centenaria en la que no se ha intervenido desde hace más de 200 años. Bosque protegido, de roble común nos lleva a
el bosque de los niños con toboganes. Aquí se pierde parte del aspecto salvaje por la poda y el pastoreo. Esta zona a la que nos hemos referido es ideal para el relax o para encontrar rincones para la fotografía. Por una pasarela de madera recorremos un bosque de alisos.
Es este un paseo para disfrutar, imaginar escenarios de cuentos clásicos o románticas aventuras, muy del gusto de nuestro pequeños.
Actividades:
Muchas e interesantes son las actividades que para familias y niños/as nos ofrecen en este jardín botánico.
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Talleres infantiles.
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Talleres semanales en verano (julio y agosto).
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Programas para escolares
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programas de fin de semana.
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Excursiones familiares acogidas bajo el nombre del club de los Miruéndanos
Cómo llegar:
Vamos en dirección al Estadio del Molinón, después en dirección al hospital y finalmente nos dirigimos hacia el jardín botánico que se encuentra a los pies de la Universidad laboral.
Avenida del Jardín Botánico s/n
Comentarios:
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Dispone de audioguías; aunque resulta bastante técnico. En francés, inglés y castellano.
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Aparcamiento en la misma puerta del centro. Otras zonas de aparcamiento próximas.
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Aseos en la misma entrada. Conviene, con los niños, ir antes de empezar este amplio recorrido.
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Prácticamente todo el recorrido es exterior. Su visita en verano, nos regala sombras y frutos, en primavera su floración y los colores en otoño.
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Junto a la entrada se encuentra la tienda en la que veremos semillas, juegos de naturaleza, libros, peluches, camisetas, posters, libretas o material de jardinería.
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El espacio tiene una extensión considerable por lo que debemos ir con calzado cómodo.
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Si no somos grandes conocedores de árboles y plantas debemos sopesar la posibilidad de realizar la visita guiada.
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Dispone de cafetería.
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La visita puede llevarnos una media jornada.
Web: www.botanicoatlantico.com