Un paisaje adehesado nos acompaña en el corto recorrido hasta el aparcamiento, bar restaurante y merendero que reciben al visitante.
Una empinada, pero breve subida nos lleva a la taquilla y nos hace amena la espera ofreciéndonos varias opciones: ver un dvd sobre la cueva que vamos a visitar, curiosear los productos que exponen en el mostrador de su tienda, entre los que los niños/as encontrarán minerales, linternas que se sitúan sobre la frente (aunque no las necesitarán en este espacio) o bisutería. Otra de las opciones más apetecibles, es descansar bajo cubierta en una de las mesas de la terraza, tomarse un tentempié o una bebida que podemos obtener de las máquinas expendedoras y disfrutar del paisaje.
Una vez entremos en la cueva, nos dejaremos sorprender por las formaciones a medida que escuchamos las indicaciones del guía. 1 kilómetro de recorrido sencillo, en un espacio de una media hora, nos da una idea de la amplitud de esta gruta, jalonada, en todo momento de numerosas y variadas formaciones.
La historia de su descubrimiento nos acerca, una vez más, a la de la curiosidad y espíritu aventurero de unos niños que descubrieron una oquedad por la que surgía un humo blanco un 24 de diciembre de 1963.
No existen formas de vida en este espacio, salvo escasas algas que crecieron al abrigo de la luz natural (en su acceso) o artificial en escasos puntos de su interior.
En este espacio "escenográfico” nos sorprenden especialmente la variedad y pureza de sus colores que van desde un blanco inmaculado hacia los tonos rojizos, pasando por el amarillo, naranja, rosado... La pureza del blanco se debe al carbonato cálcico que no pierde su color hasta que no se mezcla con otros minerales como el hierro que le confieren esa tonalidad rojiza o el manganeso que le daría una tonalidad más azulada o gris o negra.
En el techo se alternas escasas zonas impermeables de piedra oscura que contrastan con las numerosas estalactitas que van conquistando terrenos en un interminable bosque pétreo. Algunas de las estalactitas mantienen un sorprendente equilibrio, otras se pueblan de formaciones excéntricas que desafían a la ley de la gravedad y otras fragmentadas, nos dan pistas sobre su evolución.
Sobre el suelo, algunos charcos (llamados gours) hacen el efecto de espejo, reflejan el hermoso techo y ofrecen la ilusión de una oquedad de vertiginosa profundidad.
Sobre el suelo las estalagmitas, compiten por acercarse a sus opuestas de las que proceden y las que han logrado unirse forman columnas, algunas de ellas de gran grosor. Por separado, forman siluetas que junto con la imaginación del visitante dan lugar a una imagen de la Virgen , una tortuga, una cabeza de toro o un jamón, pero otras tienen una belleza singular por sí mismas como es el caso de la formación en cortina cuyas formas onduladas a modo de paños sorprenden al visitante.
Estamos inmersos en un espacio que se ha ido "cocinando a fuego lento”, fruto de millones de años en los que como media iba (y continúa) creciendo a un ritmo de 3 mm por siglo. Tenemos la posibilidad de seguir visitando este espacio vivo durante unos siglos más...
Comentarios:
- Para ayudar a mantener las condiciones óptimas de conservación del espacio, no está permitido sacar fotografías.
- Las mesas y asientos del merendero, aunque cumplen su función y nos mantienen a la sombra, chocan con el entorno y la diferencia entre mesa y silla es excesiva para la comodidad de los pequeños.
- Por la misma razón hemos de evitar tocar las formaciones y recomendarlo así también a los niños/as.
- Aseos disponibles.
- Dado que la temperatura, constante a lo largo del año, es de unos 20º C, aunque apriete el calor en su exterior, recomendamos llevar una chaqueta durante la visita.
- El suelo estará mojado por lo que calzado antideslizante y que evite la entrada del agua será el idóneo.
- Si nos acompañamos de bebés, podemos llevar mochila. La más adecuada es la tipo marsupio, dado que hay pasajes estrechos y algunos de techo bajo.
- Visita recomendada para ver con niños/as desde 4 años.
¿Cómo llegar?
En Ramacastañas, entre Arenas de San Pedro y Talavera de la Reina Y en dirección opuesta a Mombeltrán, hay un desvío con una indicación clara hacia la gruta y a unos 4 kilómetros nos lleva al amplio aparcamiento que se encuentra a los pies de la cueva.
Internet: www.grutasdelaguila.com